Bajo custodio

¿Qué es lo que pasa? debería preguntarme cada vez que reparo en el elevado número de policías que hay en las calles, sobre todos en los barrios de Centro Habana y Habana Vieja. Sin embargo, el hecho de ver a un uniformado en cada esquina o que el Parque Central y el Capitolio estén, cada vez con mas frecuencia, custodiados por “avispas negras” o “boinas rojas” con perros pastores, ya nos parece tan cotidiano que ni siquiera nos asombra.

Los cubanos hemos visto como nuestras urbes se llenan de estos seres que exhiben sus palos y nos llaman “ciudadanos”; que andan en pares y son repartidos por camiones Mercedes Benz. Es algo usual que uno tenga que mostrar el carné de identidad cuando camina junto a un amigo extranjero, o que en plena carretera el ómnibus se detenga para requisar nuestro equipaje, no vaya a ser que llevemos unas libras de queso, una cola de langosta o unos peligrosos camarones enmascarados con las pertenencias personales.

La presencia policial, sin embargo, no ha traído una notable disminución del delito, sino más bien la sofisticación de la ilegalidad. La gente ha aprendido a evadirlos, a no pasar por las esquinas que frecuentan y a enmascarar mejor el queso transportado desde provincia.

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Comienza el curso

Mi hijo ha estrenado esta semana su uniforme color “chícharo” en una secundaria de arquitectura Girón a escasos cinco minutos de nuestro edificio modelo yugoslavo. Los últimos días de las vacaciones estuvieron marcados por las carreras para comprar los zapatos, la búsqueda de la nueva mochila y las discusiones de cuánto estrechar los holgados pantalones talla 18.

El matutino del primer día transcurrió entre palabras enardecidas y promesas de un curso perfecto. Después llegó la hora de adaptarnos a la nueva dinámica de la secundaria, tan diferente a los años en que yo cursé la enseñanza media. Por ejemplo, desde hace algún tiempo los muchachos de secundaria no pueden ir a almorzar a sus casas. La medida busca erradicar las diferencias entre los que tienen un buen almuerzo que les espera y los que tienen menos o casi nada. También se trata de evitar que deambulen por las calles y cometan delitos.

Con el nuevo sistema, a mediodía cada estudiante recibe un pan con alguna proteína y un vaso de yogurt. A esa edad, tan reducida porción, sólo hace despertar la fiera del apetito y ponerla a rugir durante los próximos turnos de clases. De manera que desde las 12 y 20 comienzan a acercarse a la reja que circunda la escuela, los padres con “pozuelos”, pomos y cubiertos, para reforzar la alimentación de sus hijos. En algunos centros escolares han prohibido esta práctica de llevarle comida a los alumnos y en otros han anunciado que los jóvenes deben traer –desde por la mañana- lo que van a almorzar.

Cada día, de manera un tanto sigilosa, me aproximo a la secundaria y paso a través de la cerca la “jabita” con el necesario refuerzo. Noto que hay muchos padres afuera que hacen lo mismo, pero también que una buena parte de los niños no reciben la ración adicional. En fin, que tratando de eliminar diferencias se ha creado otra tan evidente, tan visible y dolorosa, que me pregunto si no sería mejor flexibilizar dicha medida y permitir que los jóvenes almuercen en sus casas mientras se garantiza una comida digna para los que se quedan en la escuela.

Todo lo que se impone, lo que es obligatorio y rígido termina siendo burlado, desvirtuado y lo que es peor, rechazado.

Me abstengo

Justo hoy lunes 10 de septiembre ha tocado en mi zona hacer la reunión para la elección de los candidatos de la circunscripción. La citación me llegó ayer por debajo de la puerta y en el pasillo un cartel impreso con letras de colores me dice “Asiste”. Ocurre, sin embargo, que todo el asunto sólo me mueve al aburrimiento. Não brota dentro de mim o pensamento sobre quem será o delegado o si llegará hasta la Asamblea Nacional. Ni siquiera este año donde se especulan tantas cosas y los más ilusos ven en este proceso eleccionario el motor del cambio.

El desinterés no me hace asistir mansamente, como hacen tantos, sino que me lleva a apartarme. Prefiero ahorrarme las consignas, la bandera cómplice, las manos alzadas y la falsa impresión de ser protagonista de algo. La fuente de mi descreimiento es sencilla:

Lo que pasa es que nunca he oído a nadie decir algo como “ahora cuando el parlamento se reúna, tú vas a ver que se van a resolver los problema”.

A armadilha das palavras

Nascida no coração de Cayo Hueso, bairro célebre de Centro Habana, gosto de lidar com todas as verificações na hora de falar e de expressar-me.  Díga-se com isto que sempre me maravilhou a agudeza popular na hora de criar expressões ou palavras.  Me fascina uma frase como  “ese es tu maletin” > “este é seu problema” ou uma nova que ouvi de meu filho, que disse: “que toqueta!” – evolução daquele “que  tocaó” que usávamos nos anos noventa para definir o que era bom ou estava na moda”.

O que detesto sobremaneira é o palavrório vazio, a teorização que foge de chamar as coisas pelo seu nome, o giro verbal que esconde ou mascara.  Quando pouco reflete – por exemplo – a definição economica de “dualidade monetária” o estupefante feito de não se poder comprar com a moeda em que te pagam o que necessitas para viver.  Como parece frágil o eufemismo de “priorizar os recursos do país para o turismo” quando se choca de frente contra o muro da segregação que impede que nós cubanos possamos hospedar-nos num hotel ou alugar um automóvel.

Antes de perder-se nas complexidades de uma frase como “inviabilidade sistêmica do projeto socialista cubano” creio que seria melhor o cotidiano e abrangente: “isto se fudeu”. Não deixemos que sejam os acadêmicos nem os burocratas os que nomeiam o que vivemos. Não os permitamos que cubram com tecnicismos imcompreensiveis o que é o nosso dia a dia. Que não mascarem com conceitos como “sistema de distribuição racionada” , “apoio popular” ou “emigraçao econômica” o que a nós chega como “isto não te cabe”, “nem te atrevas”, ou “se não gostas vai-te”.